:::I. E. SUÁREZ DE LA PRESENTACIÓN:::
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DEMOS EL PRIMER PASO


 "Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad", dijo Armstrong con la voz distorsionada por la distancia y los equipos de comunicaciones, en una frase que quedará grabada por siempre en los libros de historia y en la memoria de millones de personas; y ahora que nos preparamos para la visita del Papa Francisco a nuestra patria en el mes de septiembre escuchamos al sucesor de Pedro haciéndonos una invitación: “demos el primer paso”. Y le preguntamos al obispo de Roma: ¿para qué dar el primer paso?, y aquí él entra en diálogo con sus hermanos en la fe y con todos los hijos de esta tierra rica en sus talentos, en sus recursos y sus posibilidades.

Con sus hermanos en la fe: demos el primer paso PARA QUE EN CRISTO COMENCEMOS ALGO NUEVO. Aquí resuena el llamado de Jesús a aquellos hombres junto al lago: “Sígueme”. Ante esta invitación y la respuesta afirmativa descubrimos como la vida toma otro rumbo; el seguimiento se traduce en liberar, dignificar, salvar, humanizar. Los llamados dan el primer paso y ya nada va a ser igual, la vida no se va a quedar repasando redes (Mt 4,21-22) ni detrás de la mesa del pago de impuestos (Mt 9,99). Seguir a Cristo nos hace hombres nuevos, nos hace unos rebeldes contra la resignación y la indiferencia, pone la fe en movimiento, nos lleva al otro, nos saca de donde estamos, nuestro pequeño mundito y nos abre los ojos y el corazón a las necesidades de los demás. San Juan Pablo II en su momento nos retaba a una nueva evangelización: nueva en sus métodos, nueva en sus expresiones, nueva en su ardor. La fe en Cristo nos saca de la caverna, nos anima a no ser retrógrados, nos impulsa a mirar hacia adelante con esperanza. Dar con Cristo el primer paso no con  miedo, sí con valentía, con generosidad, con firmeza. La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso. Si nuestra patria está soltándose de tantas décadas de un conflicto armado y está dando un paso hacia el encuentro, la reconciliación, la justicia y  la paz, los discípulos de Jesús tenemos tanto qué aportar  en la tarea de transformar la realidad con la fuerza del evangelio.

 

Con los hijos de esta tierra: demos el primer paso para comenzar algo nuevo en bien de todos. Como ya lo anotamos, nuestra nación, ha vivido por décadas el derramamiento de sangre, la soledad de los olvidados, el frío de la guerra, la explotación indiscriminada de sus recursos naturales. Se ha aplastado a nuestra nación con el conflicto armado, el narcotráfico, la inseguridad y la desigualdad. Nuestro país se ha visto abocado a la tiranía de la muerte. ¿Quién desea que todo siga igual?, el que se lucra con el dolor del otro quiere que todo siga igual; el resignado cree que hay qué aceptar las cosas como están porque es designio divino o de la casualidad, el indiferente le debe dar igual si es un paso adelante, hacia atrás o hacia el abismo. Pero en los rostros de la mayoría hay un grito, un sueño, una posibilidad histórica de alcanzar cambios en la manera de construirnos como sociedad. Sí, muchos tienen miedo, creo que lo nuevo nos puede dar miedo y desconfianza; pero, para alcanzar este algo nuevo es necesario que cada uno se comprometa, con su propia existencia, a construir con palabras y acciones concretas una nueva realidad.

Entiendo entonces que, el Papa Francisco, siendo uno con sus hermanos en la fe y haciéndose colombiano, nos reta: “demos el primer paso” para… RECONOCER el sufrimiento de otros; PERDONAR a quienes nos han herido; Volvernos a ENCONTRAR como compatriotas; ENTENDER el dolor de los que han sufrido; SANAR nuestro corazón; DESCUBRIR el país que se esconde detrás de las montañas, CONSTRUIR la nación que siempre hemos soñado y VERNOS a nosotros mismos de una manera esperanzadora.

Reconociendo que hemos dado un paso adelante en nuestro camino histórico, debemos cuidar que en nombre de la paz no surja más violencia. Depongamos ya la agresividad, superemos las rivalidades, no pensemos más en intereses individuales y trabajemos por el bien común. Dejemos que Dios toque nuestro corazón porque necesitamos sabiduría, capacidad de reconciliarnos y compromiso permanente de ser parte activa en la construcción de un mejor país.

Por tanto, El lema “Demos el primer paso”, quiere ser  la invitación para que cada colombiano asuma su responsabilidad frente al país y haga suya la tarea de sembrar esperanza en el corazón, bondad en los actos, paz en las palabras y amor por Colombia. 

 

Padre Carlos Mario Gaviria Rivas